Cuentos para despertar – «El hombre que se sentía solo»

Cuentos para despertar

Hay cuentos para dormir, y cuentos para despertar. Estos han sido transmitidos a través de los siglos, de pueblo en pueblo, de generación en generación, como un tesoro de sabiduría. Un regalo invaluable que, a partir de hoy, compartimos en este espacio.

Hoy: «El hombre que se sentía solo»

 

Hace muchos años que un hombre andaba por la tierra.

Había bastante menos gente que ahora en el planeta pero había ya varios millones de personas. De todos los colores, de todas las alturas, sexos y de todas las razas.

Había gente buena y mala, hipócritas y honestos, espirituales, románticos y materialistas.

Había gente para todos los gustos. Indudablemente, como ahora.

Pero ese hombre se sentía solo. Y buscaba. No sabía bien qué buscaba, pero en esa situación de eterno desequilibrio que provoca la búsqueda del significado de la búsqueda, él se sentía cómodo.

Cómodamente solo, incluso entre y al lado de otros buscadores como él.

Un día, al apoyarse en el vértice filoso de una piedra en una curva del camino, se hizo daño. Se hizo una herida. Su primer pensamiento fue que el camino le infringía esa herida por algún motivo que más adelante, seguramente, entendería. 

Y se conformó.

Tan solo se sentía el hombre, tan solo, que empezó a creer y a sentir que la herida podía ser, o era, una solución a su soledad.

Y se hizo amigo de su herida.

Pero su herida, como todas las heridas sabias, comenzó a desaparecer. Se iba cumpliendo su ciclo reparador y claro, la herida se curaba.

El hombre al ver que su compañía, su «amiga» le abandonaba, la abría, la desgarraba. Para no sentirse solo.

Antes con una astilla, ahora con un pico de pájaro muerto, después con sus propios dientes, el hombre renovaba la sangría y no dejaba que la herida se curará. Así no se sentía tan solo como antes. Estaba en compañía.

Disfrutaba de la herida.

Un día, la herida agotada ya de sus vanos intentos de cumplir su ciclo, decidió hablar al hombre y le dijo:

“Hombre, llevo contigo bastante tiempo y necesito desaparecer. Sé que te sientes solo y has encontrado en mí a una compañía. Hasta ahora he sido tolerante y te he acompañado pero debemos separarnos por el bien de los dos. Si tú me sigues manteniendo abierta y no haces nada, ni siquiera permitir que pase el tiempo para que me cure, empezaré a crecer, cogeré poco a poco todo tu cuerpo y, no lo dudes, acabaré contigo. En cambio si me permites que yo haga el camino que me aleja de ti, e incluso si eres capaz de lavarme con cuidado para que no te deje ninguna cicatriz, entonces estarás actuando sabiamente, estarás haciéndote un doble favor: habrás curado tu herida y al hacerlo te estarás convirtiendo en un ser nuevo, en un hombre que ha sabido curar su herida, que ha sabido cuidarse, que ha entendido y se ha amado”

Y un hombre que sabe curar, que sabe cuidar, que sabe entender y que sabe amar, nunca estará sólo…

 

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